Opinión

EDITORIAL

Tres choques de trenes en año y medio

Actualizado el 01 de noviembre de 2017 a las 10:30 pm

Tantos errores humanos, con tan serias consecuencias, suscitan dudas sobre el entrenamiento de los maquinistas y los procedimientos seguidos para garantizar la seguridad

También es necesario señalar la falta de aplicación de la tecnología al manejo de nuestra sencillísima y muy limitada red ferroviaria

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Tres choques de trenes en año y medio

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En año y medio, el Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer) produjo tres colisiones de trenes, dos de ellas frontales. Los hechos invitan a especular si se trata de un récord, cuando menos centroamericano, si no continental. En cualquier caso, denotan un grado de inseguridad inaceptable.

El primer gran accidente, en abril del año pasado, fue un choque frontal con 106 heridos, algunos de seriedad. Hace apenas un mes se produjo el segundo cuando una máquina golpeó a otra por detrás, con un saldo de 13 personas lesionadas. El lunes, dos trenes del Incofer volvieron a encontrarse de frente. En esta oportunidad la Cruz Roja atendió a un centenar de heridos, 18 de consideración y 2 de gravedad.

En los tres casos, el Incofer atribuye los siniestros a error humano. El año pasado, uno de los conductores omitió entrar en una bahía para esperar el paso del otro tren. Hace un mes, el maquinista del tren delantero se vio obligado a frenar de emergencia cuando se le atravesó un auto. Su colega no viajaba a la distancia necesaria para evitar un choque. Los trenes Apolo necesitan entre 50 y 75 metros para detenerse después de accionado el freno. El lunes, la primera reacción del Instituto fue señalar, una vez más, al error humano como causante del accidente. El Organismo de Investigación Judicial trabaja a partir de la misma hipótesis y las investigaciones apuntan a un grave olvido de un maquinista, quien debía permanecer detenido para permitir el paso de dos trenes, pero solo dejó pasar uno.

Tantos errores humanos, con tan serias consecuencias, suscitan dudas sobre el entrenamiento de los maquinistas y los procedimientos seguidos para garantizar la seguridad de los pasajeros. En cualquier circunstancia, la adecuada preparación del personal es una responsabilidad primordial de la empresa operadora, tanto como la óptima condición de los equipos utilizados para el transporte público.

Pero en el caso del Incofer hay un segundo elemento, admitido con mayor franqueza después del primer accidente, y es la falta de aplicación de la tecnología al manejo de nuestra sencillísima y limitada red ferroviaria. “Los sistemas modernos están automatizados para disminuir la posibilidad de error humano”, declaró Guillermo Santana, entonces presidente ejecutivo, pero en Costa Rica el sistema es manual.

Cuando los horarios se alteran por cualquier motivo, los operadores notifican al centro de control para hacer los ajustes necesarios. Para entrar a una bahía y dejar pasar al tren que viaja en sentido contrario, un asistente se baja de la máquina e intercambia manualmente las vías. Ese procedimiento, mal ejecutado, causó el accidente del año pasado. Las razones del choque del lunes no están claras, pero el primer caso ilustra el carácter rudimentario del sistema y el error humano más reciente debe ser igualmente elemental.

El Incofer señala la falta de recursos para actualizar el sistema, en particular el prolongado trámite de un proyecto de ley destinado a modernizarlo. La pregunta formulada por nuestro editorial sobre el accidente del año pasado es si existe posibilidad de modificar las tarifas para fortalecer la seguridad mientras el país decide si invertirá en los ferrocarriles para transportar pasajeros.

Medidas tan sencillas y poco costosas como dotar al sistema de un equipo de posicionamiento global (GPS) se mencionaron después del primer accidente. Si ya fueron adoptadas, conviene explorar cuáles otras están al alcance de la institución, incluido el fortalecimiento de la capacitación de su personal, demasiado propenso a la comisión de errores, así como la revisión de los protocolos, horarios y jornadas. El Estado no debe darse el lujo de operar un sistema inseguro, al cual no se le permitiría funcionar si estuviera en manos privadas.

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